7 Teorías científicas de por qué algunas personas nos agradan y otras no

Source: genial.guru

Hay 3 etapas en el amor, y en cada una de ellas se activan hormonas diferentes. Además, hace mucho tiempo que se ha demostrado que los cambios que se producen en nuestro cerebro cuando nos enamoramos son comparables a las enfermedades mentales. Pero ¿qué pasa con nuestro cuerpo exactamente? Y ¿por qué algunas personas nos agradan más que otras? La ciencia da sus respuestas.

Genial.guru te propone conocer 7 estudios, experimentos y hechos interesantes que nos contarán un poco más sobre nosotros, además de dar pistas sobre cómo lograr una comunicación más productiva y beneficiosa con otras personas.

Los mensajes de texto con un punto al final se perciben como mentirosos y/o enojados

Los científicos de la Universidad de Binghamton en Estados Unidos, liderados por la profesora de psicología Celia Klin, llevaron a cabo un experimento con 126 estudiantes. Se les dieron leer diálogos que consistían en 2 frases: la primera era una pregunta; la segunda, diferentes variaciones de respuestas que constaban de una sola palabra como “sí”, “ajá”, “claro”, etc. La característica principal de las respuestas era la presencia o la ausencia de puntos al final. Después se les pidió a los participantes de lectura que evaluaran el grado de veracidad de la respuesta y, sorprendentemente, en la mayoría de los casos las respuestas sin puntos al final fueron evaluadas como sinceras, y las que tenían el punto, como falsas.

Cuando intercambiamos mensajes de texto no podemos recibir las señales no verbales, como la expresión facial, el tono y volumen de la voz y el lenguaje corporal. Para reemplazarlos, llega todo tipo de imitación textual: las letras mayúsculas y los signos de admiración cuando gritamos y nos enojamos, faltas de ortografía cometidas deliberadamente cuando tratamos de demostrar una falta de interés o que estamos ocupados. El punto es una señal de firmeza y de la intención de terminar la conversación, como ha explicado el profesor de lingüística, Mark Liberman. Por eso nos parece que la persona que lo pone al final de su respuesta está enojada.

Nos comportamos mejor si es lo que se espera de nosotros

De acuerdo con el efecto Pigmalión, percibimos a las personas de una manera que corresponde a nuestras ideas sobre ellas. Esto, a su vez, empuja a la gente a comportarse de una forma que confirme las expectativas de otras personas.

En un artículo publicado en Harvard Magazine, la psicóloga social Amy Cuddy explica: “Si piensas que alguien es un idiota, lo tratas de una manera tal que hace que el comportamiento indeseable se manifieste, y entonces exclamas: ’¡Ves! Te dije que era un idiota’. Este es uno de los errores más peligrosos que finalmente conduce a que la gente empiece a creer en los estereotipos y a asignar etiquetas. Aunque, en realidad, el esquema es simple y todo proviene de nuestros propios pensamientos y creencias, por ejemplo: ’Creo que las personas delgadas son malas → las personas delgadas me irritan por anticipado → la persona delgada se comporta negativamente’”.

Conociendo este patrón, puedes usarlo a tu favor y, dependiendo de la situación, tratar a la persona de tal forma que se comporte de la manera correcta.

Nos atraen las personas que tienen rasgos que nos gustan en nosotros mismos y rasgos que nos faltan

Esta regla funcionó, funciona y siempre funcionará, aunque a veces no nos detengamos a pensar en ella. Y se compone de dos sencillas partes:

  • nos agradan las personas que tienen algo que nos gusta de nosotros mismos;
  • y en las que hay cualidades positivas que se superponen con lo que odiamos en nosotros mismos.

Veamos un simple ejemplo: una joven bonita que está orgullosa de su apariencia, pero odia el hecho de que es demasiado tímida y retraída conoce a un hombre que también es guapo, pero, además, es muy carismático y seguro de sí mismo. Tanto que compensa la inseguridad de la joven. Esta mezcla de ciertas cualidades lo hace una pareja perfecta para ella, porque son similares y al mismo tiempo no se parecen, con lo que se complementan el uno al otro.

Estamos más inclinados a confiar en los desconocidos que nos recuerdan a alguien que alguna vez se ganó nuestra confianza

Un grupo de investigadores de Estados Unidos realizó un experimento en el que 29 participantes tenían que hacer una elección: quedarse con 10 USD o invertir todo (o una parte) en uno de los 3 desconocidos de las fotografías. Durante una serie de juegos, los participantes notaron que uno de estos hombres compartía los beneficios de las inversiones muy seguido, el segundo de vez en cuando y el tercero, muy raramente.

Luego comenzó la segunda parte del experimento. A los jugadores se les ofreció elegir un compañero para el nuevo juego. Cuatro personas en las fotos eran nuevas, mientras que las 54 fotos restantes fueron manipuladas con Photoshop y la gente en ellas se hizo más o menos parecida a los jugadores de la prueba anterior.

Como resultado del experimento, quedó claro que los participantes tendían a elegir de compañero a las personas que se parecían a aquellas con las que habían jugado la primera vez y que causaron una buena impresión. Al mismo tiempo, más del 68% de los participantes rechazaron las fotos de los jugadores que tenían al menos algún parecido externo con el tercer hombre del primer juego, que rara vez compartía las ganancias y no era confiable.

Nuestro cerebro puede calcular la popularidad de otra persona

Prácticamente en todos los grupos sociales, la popularidad de unas u otras personas determina el estado social y las conexiones. Pero, ¿cómo reconocemos que ciertas personas son populares, incluso cuando las preferencias colectivas son diferentes de nuestros propios gustos?

En un estudio publicado en la revista PNAS, los expertos pidieron a los voluntarios que evaluaran el grado de popularidad de las personas en las fotos de las redes sociales. Al mismo tiempo, el cerebro de los participantes era cuidadosamente escaneado. El resultado del experimento fue la comprensión de que cuando se trata de apinar la popularidad de algunos miembros de un grupo social, se activan ciertas áreas del cerebro. Es decir que el grado del atractivo de unas personas para los demás se determina por un sistema neuronal concreto. Este conecta, para la solución del problema, tanto la evaluación afectiva (emocional) como los sistemas de cognición social, que finalmente juegan un papel decisivo en la precisión del veredicto.

Nos gusta cuando somos percibidos de la manera que queremos

La gente quiere ser percibida de acuerdo con sus propias ideas sobre sí misma. Todos buscamos la confirmación de nuestros puntos de vista, positivos o negativos. Este fenómeno ha sido probado muchas veces en diferentes universidades: a los sujetos con percepciones positivas y negativas de sí mismos se les preguntaba con quién les gustaría hablar, con personas que tienen una impresión positiva de ellos o una negativa.

Los participantes con una imagen positiva de sí mismos preferían a las personas que pensaban bien de ellos, mientras que los otros preferían a los críticos. Esto se debe a que a la gente le gusta tratar con aquellos que proporcionan comentarios que se corresponden con su autoidentificación. Por lo tanto, si la idea que la otra persona tiene de nosotros se combina con la nuestra, la comunicación se desarrolla sin problemas, porque nos sentimos comprendidos.

Cuanto más simétrica sea la apariencia de una persona, tanto más bella nos parecerá

Al mirar a una persona guapa, difícilmente exclames: “¡Guau, es tan simétrico!”. Sin embargo, muchos estudios confirman que la simetría de la cara y del cuerpo juegan un papel importante en lo atractiva que es una persona. Por supuesto que no existe una persona completamente simétrica, porque la biología no es perfecta. Sin embargo, se ha demostrado científicamente que cuanto más bajo sea el nivel del estrés oxidativo (que consiste en la acumulación de agentes dañinos activos, los llamados radicales libres) en los seres humanos, tanto más simétricos serán.

Un artículo en The Independent cuenta sobre un experimento en el que, para evaluar la simetría en la apariencia de varios hombres, se tomaron en cuenta 10 parámetros de lo más distintos, desde la altura de las orejas hasta la longitud de los dedos. Luego se realizaron pruebas para evaluar el nivel de estrés mencionado anteriormente. Finalmente, se le pidió a un grupo de mujeres que evaluaran las fotos de los sujetos según su atractivo físico. Como resultado, los hombres con los indicadores más simétricos y con el nivel más bajo de estrés fueron considerados los más guapos.

Foto de portada depositphotosdepositphotos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *